«El río Bogotá, el segundo afluente más importante del país, no está muerto».

foto: Nicolás Acevedo

El último ajuste del Plan de Ordenación y Manejo de la Cuenca Hidrográfica del río Bogotá arrojó que en este ecosistema hay registros de por lo menos 542 especies de animales en el territorio, lo que evidencia la riqueza que alberga este afluente y la necesidad de articular a todos los actores que impacta el río para protegerlo.

Según el Grupo Rio Bogotá, existen registros de por lo menos 542 especies de animales que hacen parte del ecosistema que rodea el río Bogotá, de los cuales 322 son de aves, 76 de mamíferos, 66 de reptiles, 55 de anfibios y 23 de peces.  En cuanto a la flora, los números también son importantes pues hay evidencia de 169 especies de plantas, muchas de ellas son endémicas del altiplano cundiboyacense.  Una razón de peso para seguir la lucha por la recuperación de este cuerpo de agua, de acuerdo con las conclusiones de los expertos que participaron en el más reciente webinar organizado por el Grupo Río Bogotá.

“Para muchos, el río Bogotá no es más que una cloaca llena de basuras, vertimientos y malos olores. Sin embargo, este afluente, que es el segundo más importante del país, no está muerto. Pese a tener el 97 por ciento de sus aguas contaminadas, este cuerpo de agua alberga una inmensa biodiversidad a lo largo de sus 380 kilómetros de extensión”, dijo Carlos Enrique Rodríguez, subdirector editorial Grupo Semana, en el encuentro.

Además de su biodiversidad, el río Bogotá concentra en su cuenca el 26 por ciento de la producción agrícola nacional y el 32 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Sumado a esto, más de 12 millones de personas se benefician de sus servicios ecosistémicos y económicos, por lo que reconocer su riqueza, su historia e importancia, permitirá la apropiación del río por parte de sus habitantes.

En el encuentro participaron Sandra Milena Rincón, directora de Cultura Ambiental y Servicio al Ciudadano de la Corporación Autónoma Regional (CAR), Crist Indira Ramos, alcaldesa de Zipacón, Gustavo Amarillo, veedor del río Bogotá y Roberto Sáenz, director de la Reserva Natural Tenasucá de Pedro Palo, dialogaron sobre diferentes iniciativas y acciones para la protección de este cuerpo de agua y los diferentes ecosistemas que lo rodean.

De acuerdo con Sáenz, en su reserva, ubicada en Tena, Cundinamarca, un municipio de la cuenca baja del río Bogotá, existe una biodiversidad con muchos valores: desde los bosques primarios con algunos árboles en peligro como el cedro, el encenillo y el mantequillo; especies nativas y una gran variedad de fauna como el oso perezoso y hormiguero. 

Esta riqueza ha llamado la atención de universidades nacionales e internacionales para hacer investigaciones en Tenasucá, las cuales no solo resaltan la biodiversidad, sino la importancia de reconocer que la población es parte de ella. “En ese sentido debe hablarse de socioecosistemas y cambiar el concepto de preservación por el de conservación sostenible”, afirmó Roberto Sáenz en el encuentro.

En ese sentido, es fundamental que las personas, incluso desde sus casas, sean conscientes de que cualquier esfuerzo que se haga por la protección del río y su biodiversidad es necesario para su recuperación.  “Se hace importante conectarnos con el río desde casa y recordar o saber que hay especies tan importantes como la nutria neotropical, el cucarachero de apolinar, del oso de anteojos o los frailejones, con cientos de años de existencia, seguramente para muchos desconocidos, y que se ven afectados por acciones en el hogar como verter aceite de cocina por el sifón.  Podemos proteger también la biodiversidad con una adecuada clasificación de los residuos para que no terminen en los bosques y en las aguas del río”, explicó Sandra Milena Rincón, directora de Cultura Ambiental y Servicio al Ciudadano de la CAR.

Fuente: Grupo Rio Bogotá